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Carta hacia Valhalla

La primera noche de este año tuvo un regusto agridulce. Hubo una fiesta como suele ser costumbre, pero también hubo una despedida.

Nos dejaste hacía ya varios días pero algunos no lo habíamos asumido aún y otros habíamos preferido edulcorar la verdad con días de festines navideños, reuniones familiares y jolgorio. Pero teníamos que hacerlo finalmente. Decir adiós no es nada fácil y mucho menos cuando la persona de la que te despides ha formado parte de tu vida en tantos sentidos y durante tanto tiempo, pero queríamos hacer algo especial.

Nos reunimos todos en el patio. Estaban tus amigos mas allegados, los de siempre de las partidas de rol que tantas historias y mundos distintos han creado. Estaban los del barrio, con los que salías a veces a ver algún partido, a veces simplemente a tomar algo. Estaban incluso personas que aunque te conocieron por poco tiempo se encariñaron rápidamente contigo.

Formamos un círculo en el que todos podían ver y escuchar con claridad lo que la persona en el centro hacía, e íbamos alternándonos en esa especie de atril improvisado. Hacía mucho frio fuera, pero nos mantuvimos allí escuchando todo cuanto se dijo.

¡Tendrias que habernos visto!
Karl leyó un texto de su propia cosecha en el que tantos autores y tantas referencias que conocías se daban cita. Desde filósofos hasta músicos y artistas.
Luego habló Jose Luis, recitando un hermoso poema que entonó como si fuera un cántico de batalla. Se que te habría encantado oirlo.
Ángel volvió a demostrarnos a todos que aunque a veces parezca que pasa de nosotros, las cosas no son siempre lo que parecen, y habló de lo bien que le habías conocido siempre y de como alguna que otra vez hiciste de madre, escuchando sus penas, aconsejándole y hasta riñéndole cuando hizo falta. Dijo que aunque no hubiese derramado una sola lágrima, había perdido a su mejor amigo.

Imaginarás que a esas alturas los demás si que estábamos llorando. Eran lagrimas mezcladas con medias sonrisas cada vez que Sarcas o Jose Luis nos recordaban lo que dirías si nos vieras: ¡mariconas!

El recital continuó con el discurso de Ciro, que en un alarde de elocuencia dijo hermosas palabras con las que todos nos sentimos identificados, hablando sobre como nos habías marcado a cada uno y de las cosas que habías conseguido, entre ellas, volver a unir a los amigos de la infancia.
y en ese momento... oh, lo que habrías disfrutado viéndolo. Hector entró con rapidez en el cículo y se dirijió hacia Ciro y sin apenas atisbo de verguenza dijo bien alto: "Yo te guardé rencor durante mucho tiempo, pero se que él querría que no lo hiciera" Y se dieron la mano. Habrías estado orgulloso de él

El sentimiento de unidad se acrecentó aun más, pero todavía quedaba gente por hablar. Tanto Maite como Bea sacaron las palabras directamente desde el corazón, hablando con la simpleza y la sinceridad que las caracteriza, recordándonos las cosas importantes de la vida.

Mientras todo esto ocurría unos papeles habían ido pasándose de una mano a otra y en ellos la gente escribía un último mensaje que enviarte. ¿No te lo he dicho? Sonaban de fondo algunas de tus canciones preferidas, como Journey to the End o Valhalla, de Falkenback. Incluso todos volvimos a escucharte tocar la batería, pues sonó la maqueta de Andhord.

Llegaba el final de nuestra ceremonia, y yo no sabía exactamente que hacer o decir. Me daba vergüenza no estar a la altura de lo que los demás te habían ofrecido. Yo solo era capaz de llorar y llorar, pues sabes que siempre he sido muy frágil.

Pero me despegué un momento de los que estaban a mi lado y entré en el círculo. Me temblaba la voz, por el nerviosismo y el resto del cuerpo por el frio. Busqué las mejores palabras e intenté contarle a todos cuanto habías hecho por mi. Sé que se me quedarían cientos de cosas en el tintero, pero no pude aguantar mucho hasta que volvía romper a llorar. Soy débil, lo se.

Sarcas nos hizo brindar a todos a tu salud con algo de bebida. Ni si quiera me fijé en que estaba tomándome... ¿era mojito o el vodka? Daba igual, porque mientras seguían sonando tus canciones deshicimos el círculo y nos fuimos hasta donde hacía un poco de viento. Sarcas tomó los papeles donde habíamos escrito nuestros pensamientos y y los alzó hacia arriba. Dijo que para que te llegaran nuestras palabras tendría que llevárselas el viento, así que quemó los papeles y la poca brisa que soplaba esparció las cenizas.

Todo se quedó en silencio durante un rato y la gente fue volviendo poco a poco al ambiente de celebración, aunque con un fuerte sentimiento de nostalgia. A todos nos faltaba algo.

Sabes que me gustan las cosas que perduran y sentí que aunque ninguno olvidaríamos esos momentos, quería dejártelos por escrito. No quería que fueran efímeros, sino que se quedasen en algún lugar para siempre. Se que no eres amigo de contar intimidades en la Red, pero mas que en ningún papel, en ningúna foto, en ningún otro formato, aquí me aseguro de que el tiempo no borrará la tinta...

Aunque te hayas marchado nunca voy a olvidarte y quiero que sepas que fue magnífico viajar contigo en esta vida.

Un beso y un abrazo.

Angi

2 comentarios:

alewan dijo...

No estuve ese día, ni sé cuándo fue, aunque me habría encantado estar, pues he conocido muy poco a Jesús, pero siempre le recordaré como una de las personas más carismáticas que me encontrado (si no la que más). Gracias por la entrada, Angi

Ánima-en-Fuga dijo...

Qué bonito Angi...
(sí, después de los meses hoy me he sentido con fuerzas para leerlo).
Y me gustaría decir algo más, pero acabas de poner bocabajo mi cajoncito de palabras. ^^U
Un abrazo.